Un lunes a mediodía de hace muchos años, en la ciudad de la furia, nos disponíamos a almorzar con mi gran amigo Alex, en un restaurant vegetariano de la zona.
Al sentarnos a la mesa, me dice:
- "Sabés que ayer me di cuenta, que hace 8 meses que no como carnes"
Claro, me lo estaba mencionando porque el vegetariano era yo, no él.
Alex continua entonces, ilustrando su reflexión con un dato más que preocupante:
- "Ayer en casa de mi vieja, había empanadas de carne. Probé una y no quise más. Y luego me di cuenta cuánto hacía que no probaba la carne, creo que me acostumbré... de tanto venir siempre acá a este lugar vegetariano..."
Atando cabos, llegamos a la conclusión de que al mediodía comíamos ahi, y a la noche solíamos juntarnos varios días a cenar, y la preferencia era siempre algo vegetariano. Por no mencionar, que las carnes son más difíciles de cocinar también, y él se había mudado a un piso solo.
Lo mismo me ha pasado a mí, cualquier día me he dado cuenta que "hace meses que no estoy con otra mujer".
Vegetarianismo y fidelidad están relacionados, y no solo por esta historia. El vegetarianismo es una negación del consumo de carnes, y la fidelidad... también!
Lo único que existe antes de la fidelidad, es la ilusión de fidelidad. Esa ilusión en la cual el deseo sexual se aplaca ante la visión de prosperidad y armonía de la pareja estable.
Lo que existe antes del vegetarianismo, es la ilusión de delgada espiritualidad, donde el ser social acostumbrado al "asado y vino" se deja convencer el domingo al mediodía por el dalai lama adentro nuestro.
Como tantas otras cosas, fidelidad (y vegetarianismo) son cosas que cuando suceden, suceden después, y no antes. Es decir, lo impuesto como objetivo en la esfera íntima suele no ser realizable, porque uno generalmente transgrede esa imposición. Y lo bien que hace.
Después de la fidelidad
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