Las 20 veces que fumamos marihuana

Hay una diferencia entre aquella persona que fumó 20 veces marihuana en su vida, y aquella que no fumó marihuana nunca antes.

La primera diferencia que noto, es la censura que proviene de quienes nunca se han intoxicado con la planta. Si bien hay muchas personas que nunca han fumado y no predican en contra, la prédica cuando existe suele ser ruda y autoritaria, basada en los supuestos efectos negativos que tiene la adicción a "la droga". Ni siquiera saben distinguir entre los muy diferentes tipos de "droga", y ni les interesa aprender. Para qué? Si hasta tienen miedo de aprender a distinguirlas entre sí. La "droga", piensan, es 100% negativa. Por definición, nada bueno puede provenir de la "droga".


Cuando se trata de drogas, el miedo es a una casi segura (!) adicción. Cuando se trata de sexo, el miedo es a enfermarse, o a salir con el corazón roto por haberse involucrado sentimentalmente.

Cuando NO se trata de drogas o sexo, el razonamiento es diferente. Cuando se trata de otras prácticas, o incluso de alcohol, no existen tantos tabúes y entonces no existen esos miedos en la sociedad. Menciono el alcohol porque es el ejemplo más claro de droga absolutamente dura y a la vez "aprobada" por la sociedad al punto de no ser siquiera incluida dentro del término "droga".

Por ej., te invitan a jugar al tenis, vos no jugaste ni siquiera una sola vez en tu vida ¿te vas a parar a preguntarte en ese momento si los tenistas tienen algún problema de tendinitis? Si jamás conduciste un coche, y te invitan a aprender a conducir, te vas a andar preguntando si los corredores de F1 sufren de vértigo?

Si jamás has probado un trago, ¿te vas a andar preguntando cómo fue que el mendigo borracho de la otra cuadra probó alcohol por primera vez?

Sí, suenan muy ridículas esas preguntas...

Es que la novata no se fija tanto en los hipotéticos futuros efectos adversos de una práctica que ni siquiera le ha pasado por la cabeza; una como novata, quiere ir "para adelante", con la prudencia necesaria y también quitando del camino los miedos paralizantes. Es bien sabido, que si una va a andar cuestionándose cada cosa que hace, nunca haría nada!

Entonces, si una no ha fumado marihuana nunca, ¿por qué ha de fijarse en la realidad de los adictos? Evidentemente, si una no ha probado nunca la planta de cáñamo, la realidad del adicto es una realidad muy lejana. De hecho, la marihuana no provoca síndrome con lo cual es muy dudoso considerarla adictiva. Tampoco hay riesgo de sobredosis, con lo cual la realidad de la adicción al alcohol es muchísimo más dura. Sin embargo, nadie dice "no" a un vaso de vino pensando que puede llegar a morir de un paro cardiorespiratorio por sobredosis alcohólica.

Ese es el poder de los tabúes: aún desde tan lejos, esos miedos ejercen una influencia como si estuvieran "a la vuelta de la esquina". No es nada fácil convertirse en un adicto, porque el flujo de placer que genera cualquier actividad se reduce rápidamente luego de las primeras incursiones. Pero toda esa experiencia colectiva ha sido sepultada por el FUD, la censura moral y las prohibiciones legales, desde hace muchos años.

Entonces muchas personas están enfermas de miedo, y temen aquello que está muy cercano y también aquello que está muy lejano, sin distinción!

No han recorrido ni medio metro, y ya sienten el miedo a aquello que, dicen, pasará miles de kilometros más adelante.


Yo en cambio, voy tratando de practicar 20 veces cualquier cosa que sea de mi interés, y voy cambiando el mundo.

¿Por qué 20 veces? ¿Qué significan 20 veces? Bueno, como muchas cosas, no hay que tomarlas al pie de la letra. Pienso en 2 o 3 ciclos, y en una secuencia corta de dichos ciclos.

Apología de la sensualidad

No hay forma fácil de transmitir las experiencias sensuales. Lo que hacemos sintiendo, oliendo, oyendo, viendo y experimentando con nuestros sentidos, no es algo fácil de recordar o comunicar.

La memoria y el idioma son adecuados para lo analítico y lo mental, y no se ha encontrado una herramienta que pueda describir o transmitir adecuadamente una sensación. La sensualidad está alejada de los medios de comunicación. La sensualidad es algo que solo puede darte tu propio cuerpo.

Lo sensual tiene que hacerse. Hacerse una y otra vez. Hacerse y repetirse. Experimentación es la clave de nuestra sensualidad. Experimentar conlleva una práctica, y dicha práctica conlleva un cierto poder.
En los tiempos antiguos, la mayor parte del poder provenía de cada uno de nosotros como animales. Las capacidades físicas para la guerra (por ej. los espartanos) o para la caza primitiva (el olfato, la vista) eran absolutamente necesarias. La práctica de la sensualidad era una necesidad, no un lujo. Con el paso de la historia, evolucionamos como sociedad en busca del comfort. Inventamos herramientas cada vez más complejas, con las cuales el poder pasó a provenir de la tecnología y ya no tanto de ese poder animal proveniente de la sensualidad.
Despertar a la sensualidad es más necesario que nunca ahora, que disponemos de bombas atómicas y computadoras portátiles. Sin la experiencia y la práctica de la sensualidad, no son posibles ni la sanación ni la iluminación, porque no podemos acercarnos y conectarnos con la naturaleza que nos rodea y atraviesa.

La tierra es mi cuerpo, el agua mi sangre,
el viento es mi aliento, el fuego mi espíritu
ahora abro mis ojos, encuentro mi lugar
y siento que no estoy sola

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