Aquella vieja limpita

La higiene se tiene en altísima estima y por eso queremos asfalto por todos lados para tapar la tierra. Nos bañamos todos los días con jabón, nos rasuramos, nos cortamos el pelo, nos lavamos los dientes 3 veces al día. Queremos desodorante para tapar nuestros olores, pastillas para tener un aliento mentolado, shampoo para cabellos grasos, cremas para las manos, y toda una industria de la cosmética para satisfacer esta necesidad de higiene.


Pero, por qué queremos estar siempre tanto así de limpit@s?

En mi opinión sucede que hasta hace 60 años, contraer una infección era gravísimo, ya que podía acarrear la muerte en muchos casos. Entonces, cualquier pequeña herida era grave, y se extremaban las medidas de higiene para evitar las mortales infecciones.

Sin embargo, desde la llegada del antibiótico, la higiene personal y de la casa debería tener un sentido diferente. Sobre todo, teniendo en cuenta que el hábitat ha cambiado en el último siglo y ha pasado de ser rural a ser urbano en la gran parte de la población.
Embarrad@s - Aquella vieja limpita
Este cambio no es menor, ya que vivir en un departamento es mucho peor que vivir en una casa de campo, empezando por el aire que se respira. En un departamento, el aire está viciado, el polvillo que se trae de la calle tiene restos de metales pesados y hollín, el agua que se toma es clorada, la comida es mirada por TV, es conservada con conservantes, coloreada con colorantes, saborizada con saborizantes, aromatizada con aromatizantes. Inclusive, el bañarse todos los días es nocivo para el cuerpo y el cabello.

El antiguo apego por la higiene (que tenía como objetivo evitar infecciones con riesgo de muerte) dio paso a una higiene posmodernista que asombra por lo incoherente y solo es posible gracias al aislamiento en el que viven los habitantes de las grandes ciudades. Es ridículo en ese contexto, no querer ensuciarse los pies con tierra, no querer las arañas, las lombrices o las luciérnagas, no querer mojarse con agua de lluvia, no querer sentir el viento y los relámpagos de las tormentas, no apreciar el cielo estrellado, el rocío, y los primeros rayos del sol matutino. Porque si entra tierra en la casa, es fácil quitarla, porque no es hollín. Si hay lluvia, es vida para las plantas y los animales. Si hay más insectos que solo cucarachas, es 'biodiversidad'. Si cae la noche, refresca. Y por un momento, hasta puede parecerte que volviste al Jardín del Edén.

Pareciera que vivimos a contramano de los tiempos posmodernos; atrasamos y mucho. Somos manejados por miedos muy viejos, que inexplicablemente influyen todavía muchísimo en la sociedad. Una sociedad que recién en los últimos años ha impulsado la ecología con fuerza de ONGs, aunque todavía tímidamente abrace esos ideales. Una sociedad que aún considera a Greenpeace como algo fashion.

Es tiempo de cambiar un poco la vieja limpita, de abrir un poco la cabeza, de comprender estas otras motivaciones, pensar otros riesgos y miedos, que nada es igual y que el escenario ha cambiado.



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