Fortaleza y madurez

El macho en su objetivo y situación de fortaleza, no reconoce que también necesita protección. El macho niega esa faceta femenina de buscar protección, porque la asume como un signo de debilidad. El macho es fuerte, es la protección misma, y rechaza lo débil para si. El macho no puede asumir sentimientos que son propios del "sexo débil" de las "nenitas" y los "mariquitas".

El macho no es conciente que también necesita protección, mimos, afecto, y energía. Al negárselo a si mismo, el macho no se pregunta: qué es ella capaz de darme? Todo el tiempo se pregunta, qué es capaz de darle él a ella y qué puede él encontrar en ella. No se pregunta qué protección le podrá brindar ella. La belleza resulta el mejor negocio en ese contexto: es simple y muy efectiva con los machos.

El tao de la protección es una dinámica como la del amor mismo: a veces protegés y otras necesitás ser protegida. Ahora veo y siento lo que la otra persona es capaz de darme. Estoy abierto a recibirlo, a reconocerlo, a agradecerlo porque fue dado sin más.

  • Por más que sea muy sano, a veces me puedo enfermar, y necesitaré cuidados.
  • Por más que el éxito me siga, a veces las cosas no me saldrán como esperaba, y necesitaré una mano.
  • A pesar de mi riqueza, a veces no tendré recursos suficientes para afrontar una obligación, y necesitaré una pequeña ayuda de los amigos.
  • Por más que mi círculo me aprecie, surgirán conflictos y necesitaré alguien que intermedie.
La conciencia de la debilidad es lo que le falta a la fortaleza, para madurar.


diccionario isi-español

no disturbarte para que no te arisquees

Despilfarrando amor

El amor no se puede acumular. No se puede ser un capitalista del amor, porque no se puede ahorrar amor, ni se lo puede poner a plazo fijo, ni en un silo, ni comprar acciones de ninguna Bolsa Amorosa.

Acumular trae el futuro al presente. La acción de acumular es una concreta manifestación del concepto abstracto que llamamos "tiempo". Mediante la acción de acumular, hacemos existir en el presente un futuro que no existe. Lo creamos, lo fantaseamos y también lo prevenimos en la misma acción de acumular. Como si los miedos del presente fueran pocos, también traemos al presente los miedos futuros y entonces conservamos fotos, dinero, ropa, relaciones, souvenirs, tickets, hasta que la propiedad nos ate y entierre. El futuro, que es incierto, inseguro, evolutivo, vivo e impredecible, es anticipado y forzado en una creación gris, estática, y ridícula, que es evidente en todas aquellas cosas que se conservan o acumulan.

El amor no se puede acumular: se escurre por el suelo, se filtra por las paredes, se esfuma de las fotos, se vuela de las manos y no queda preso en ninguna jaula. El amor es libre de ir donde quiera y no podemos repetir aquel beso o aquellas caricias. Aquella mirada fue única, única como aquella risa... ay! aquello fue amor y no le pudimos sacar ni una foto, justo que tenía la cámara de 8 MegaPixeles!

Ahora el amor se ha ido y no ha pasado un segundo que ya lo estamos extrañando. Nos han hecho creer que extrañar no es amar, por eso anhelamos ese amor cada vez con mayor intensidad. Cuanto más intentamos repetirlo, más hondo nos adentramos en esa melancolía, que no es más que miedo a fluir. Melancolía que es anhelar el pasado por miedo a que el futuro nos devuelva los mismos fracasos. Melancolía que es miedo a que el viento nos lleve a los mismos lugares secos, inhóspitos, faltos de amor y de cariño. Melancolía que es miedo a que el amor no vuelva porque no nos damos cuenta que, tal vez, solo esté tomando un respiro.

El amor surge, cambia, fluye, se da, se recibe, se esfuma, regresa y se posa en nuestras almas para volar de nuevo.

No intento ahorrarlo ni por un instante y, celebrando, lo despilfarro hasta el último suspiro.

Pequeñas grandes libertades

Libertad para cuidarse en su salud e higiene es importante para los niños, porque ellos deben sentirse responsables de su cuerpo.

Por ej. la escuela, en vez de enseñarles a alimentarse mejor y a cuidar el cuerpo sin estrés, los aturde con normas, divisiones de todo tipo y reglas de ortografía.

Las madres y padres, los obligan a respetar horarios en vez de respetar su cuerpo. Así, a comer a las 13, a ducharse, a ir a la escuela, etc. Les dictan modales de educación en la mesa, y el "menú" no es muy flexible que digamos...

Para ser más felices, los niños deben poder estar a su aire, observar su mugrecita, sentirse a gusto y a disgusto, aprender a cuidarse, aprender a evitar malas conductas y seguir sus instintos.

Libertad para hacer su movida, para crear sus menús, participar en la preparación si quieren, libertad para bañarse o no, y para influir en las decisiones adultas que los involucran.

Los niños no protestan sin causa o sin lógica: solo hace falta saber escucharlos más. Deben ejercitar su tercer ojo porque para su bienestar y felicidad no es tan importante estar pulcros, ni saber operaciones y códigos, sino disponer de una mejor alimentación y celebrar con alegría.

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