Corazón y destino

No hace nada de lo que quiere porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, haría algunas de las cosas que quiere.

No quiere nada de lo que hace porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, amaría aquellas pequeñas cosas que hacen feliz a la persona amada.

Hacer lo que querés, y querer lo que haces, son cosas diferentes.

Para hacer lo que querés, tenés que ser consciente de tu deseo. Es necesario haberse "dado cuenta" antes. Es un segundo paso a una realidad marcada por el deseo, que no todos logran.

En cambio, para querer lo que haces, solo tenes que relacionarlo a quienes queres. No requiere ninguna experiencia ni inteligencia adicional. Pero claro, si no queres a nadie, entonces es imposible que quieras algo de lo que haces.

Los comonistas tienen familiares, colegas, maridos, esposas, vecinos, compatriotas, hijos, padres, ex compañeros de colegio, maestras, curas. Y ningún amor. Y todo miedos.

Los comonistas viven una realidad sin deseo, accionada por el temor, esclavos de los resultados a reportar en ese gran libro de actividades judeocristiano.

Sin amor, todo se vuelve maquinal, toda actividad o decisión no hacen más que delatar un corazón vaciado por el destino en una mueca, educada y fría, de lo que alguna vez fue amor.

El destino social

Creo en el destino como conciencia social, como identidad y diferenciación clara dentro de un grupo. El destino no es nada que no se esté revelando en el momento presente.

Cualquier día ves un capitulo del animal planet (en cualquier lugar extraño donde una TV proyecta canales) y sucede la típica escena de leonas atacando una manada de ñus o cebras. Es toda una batalla larga y compleja, de resistencia de ambas partes y de inteligente gestión de limitaciones y habilidades. Lo que las leonas buscan es una cebra débil que no pueda correr o esté desprotegida esperando el momento en que las demás cebras más fuertes bajen la guardia. Entonces buscan el momento porque en algún momento, los leones tendrán que comer y alguna de las cebras morirá para alimentarlos. Podríamos decir que ese fue el destino de la cebra, el de morir para alejar el ataque de las leonas a la manada? Qué es una para la manada?

El propio destino flota en el aire, en el entorno, se presiente en las otras manadas, es regido por la propia manada, y aceptado o rechazado por una misma.

El destino de cada uno, se va haciendo como una gran tela en la que todos van tejiendo pedazos.

Pensar el destino como algo individual, como el futuro predeterminado por la bola de cristal, no tiene sentido. Tiene sentido pensarlo como la propia identidad, de cara a los eventos trascendentes.

En la batalla entre clanes enemigos narrada en el Bhágavad Gita, el dios hindú Krishna le ordena al príncipe Arjuna que abandone la inacción y luche, ya que ese es su destino, y para ello le muestra las vidas de los guerreros hechas trizas en sus manos. Ahora, honra tu destino de príncipe en la batalla ordena a Arjuna.

De este modo, el destino deja de ser una cuestión oscura, y se devela buena parte de su incertidumbre o misterio. Es ni más ni menos, el rol social, en mayor o menor medida desarrollado.

Sin embargo, en su profundo significado residen eventos de vida y de muerte, de coincidencias e indiferencias, de pesares y alegrías, que ni un príncipe puede ignorar.

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