No hace nada de lo que quiere porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, haría algunas de las cosas que quiere.
No quiere nada de lo que hace porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, amaría aquellas pequeñas cosas que hacen feliz a la persona amada.
Hacer lo que querés, y querer lo que haces, son cosas diferentes.
Para hacer lo que querés, tenés que ser consciente de tu deseo. Es necesario haberse "dado cuenta" antes. Es un segundo paso a una realidad marcada por el deseo, que no todos logran.
En cambio, para querer lo que haces, solo tenes que relacionarlo a quienes queres. No requiere ninguna experiencia ni inteligencia adicional. Pero claro, si no queres a nadie, entonces es imposible que quieras algo de lo que haces.
Los comonistas tienen familiares, colegas, maridos, esposas, vecinos, compatriotas, hijos, padres, ex compañeros de colegio, maestras, curas. Y ningún amor. Y todo miedos.
Los comonistas viven una realidad sin deseo, accionada por el temor, esclavos de los resultados a reportar en ese gran libro de actividades judeocristiano.
Sin amor, todo se vuelve maquinal, toda actividad o decisión no hacen más que delatar un corazón vaciado por el destino en una mueca, educada y fría, de lo que alguna vez fue amor.
Corazón y destino
Publicadas por
isi dixi
el
6/29/2009 01:02:00 a.m.
Etiquetas: amor, comonismo, deseo, enfermedad, miedo, ocupaciones, pasión, placeres, presión social, relaciones
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario