Corazón y destino

No hace nada de lo que quiere porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, haría algunas de las cosas que quiere.

No quiere nada de lo que hace porque no quiere a nadie. Si quisiera a alguien, amaría aquellas pequeñas cosas que hacen feliz a la persona amada.

Hacer lo que querés, y querer lo que haces, son cosas diferentes.

Para hacer lo que querés, tenés que ser consciente de tu deseo. Es necesario haberse "dado cuenta" antes. Es un segundo paso a una realidad marcada por el deseo, que no todos logran.

En cambio, para querer lo que haces, solo tenes que relacionarlo a quienes queres. No requiere ninguna experiencia ni inteligencia adicional. Pero claro, si no queres a nadie, entonces es imposible que quieras algo de lo que haces.

Los comonistas tienen familiares, colegas, maridos, esposas, vecinos, compatriotas, hijos, padres, ex compañeros de colegio, maestras, curas. Y ningún amor. Y todo miedos.

Los comonistas viven una realidad sin deseo, accionada por el temor, esclavos de los resultados a reportar en ese gran libro de actividades judeocristiano.

Sin amor, todo se vuelve maquinal, toda actividad o decisión no hacen más que delatar un corazón vaciado por el destino en una mueca, educada y fría, de lo que alguna vez fue amor.

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