Apología de la sensualidad

No hay forma fácil de transmitir las experiencias sensuales. Lo que hacemos sintiendo, oliendo, oyendo, viendo y experimentando con nuestros sentidos, no es algo fácil de recordar o comunicar.

La memoria y el idioma son adecuados para lo analítico y lo mental, y no se ha encontrado una herramienta que pueda describir o transmitir adecuadamente una sensación. La sensualidad está alejada de los medios de comunicación. La sensualidad es algo que solo puede darte tu propio cuerpo.

Lo sensual tiene que hacerse. Hacerse una y otra vez. Hacerse y repetirse. Experimentación es la clave de nuestra sensualidad. Experimentar conlleva una práctica, y dicha práctica conlleva un cierto poder.
En los tiempos antiguos, la mayor parte del poder provenía de cada uno de nosotros como animales. Las capacidades físicas para la guerra (por ej. los espartanos) o para la caza primitiva (el olfato, la vista) eran absolutamente necesarias. La práctica de la sensualidad era una necesidad, no un lujo. Con el paso de la historia, evolucionamos como sociedad en busca del comfort. Inventamos herramientas cada vez más complejas, con las cuales el poder pasó a provenir de la tecnología y ya no tanto de ese poder animal proveniente de la sensualidad.
Despertar a la sensualidad es más necesario que nunca ahora, que disponemos de bombas atómicas y computadoras portátiles. Sin la experiencia y la práctica de la sensualidad, no son posibles ni la sanación ni la iluminación, porque no podemos acercarnos y conectarnos con la naturaleza que nos rodea y atraviesa.

La tierra es mi cuerpo, el agua mi sangre,
el viento es mi aliento, el fuego mi espíritu
ahora abro mis ojos, encuentro mi lugar
y siento que no estoy sola

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