...o el sueño de Hitler
Desear, es frágil. Perseguir un objetivo, es rígido. Utilizando los frágiles y hermosos deseos de cada uno de nosotros, la sociedad nos convierte a rígidos y perversos objetivos.
Un niño, ora juega a saltar, ora juega con sus manos, luego se aburre, y quiere cambiar de juego. Los adultos nos sorprendemos y disgustamos porque pensamos que esa inconstancia no lo va a llevar a buen puerto.
- "Hay que perseverar!", le decimos si lo tenemos cerca.
- "Hay que perpetuar", pensamos.
Y hacemos mármoles con las caras de los patriotas.
Yo en cambio, no estoy seguro de lograrlo. Estoy seguro de querer intentarlo.
El deseo no implica el objetivo, y es un hecho anímico de enorme significado. Porque en la realidad consensuada, ese deseo no ha sido concretado, pero sí existe en el ánimo de la persona. Los deseos son cambiantes, porque uno no sabe si quiere algo que no conoce. Uno solo intuye. Y en esa intuición, también caben los prejuicios.
Incluso muchos deseos no buscan ser concretados porque son, en esencia, exploración. No es muy relevante, que el deseo se concrete o no. Sí es relevante el camino que uno vislumbra y quiere recorrer. El deseo me motiva y me da energías, al contrario de un objetivo que pretende una situación de perpetuidad que equivale a muerte, que es lo único que es "para siempre". Perpetuar es inútil.Al convertir los frágiles, íntimos, lúdicos, inocentes deseos de una persona, en perversos sueños de grandiosos objetivos, la sociedad la ha convertido en un patriota.
Como lo hicieron los militares con el pueblo argentino, al iniciar la guerra de Malvinas, o como lo hizo Hitler con el pueblo alemán, al iniciar la devastadora 2da guerra mundial.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario