(viene de "El sexo competitivo")
El sexo, entendido como la herramienta máxima para el placer y la sensualidad, debe ser utilizado por los amantes lo más cooperativamente posible.
En la medida que puedan comprenderse mutuamente, irán logrando hitos en el camino del placer. Cada hito dejará una marca de placer en los cuerpos y las mentes, de manera de ser recordado, anhelado, extrañado de practicar continuadamente por un buen tiempo, en lo que resultará un juego sexual altamente satisfactorio y placentero.
En la medida que cada un@ de los amantes compita por el placer, busque el placer solamente dentro de sí mism@, en la medida en que no esté atent@ a la resonancia de la unión sexual, en la medida que esté con la mente ocupada en pensamientos y objetivos, el camino del placer se errará.
Por ello, la importancia de el/la otr@ es aún mayor que la propia: porque existen altos tapiales del placer al que no puedes asomar sin que tu amante esté allí para hacerte "ancla" con sus manos. Quien se asomará serás tú, y tienes que estar preparad@ para la faena, pero siempre necesitarás de tu amante porque el placer mutuo es un fenómeno único en su belleza. El placer mutuo es un afrodisíaco tan potente que deja en éxtasis a quienes lo experimentan. Un mundo donde los orgasmos simultáneos son la regla, donde la respiración es agitada y los gemidos reinan, donde los movimientos son suaves, firmes y nunca ridículos, donde el estado de ánimo de ambos es importante, donde ambos se atreven a más y donde las cotas se van ampliando luego de cada encuentro. Es una orquesta que pasa del piano, por el in crescendo al forte y fortíssimo y vuelve a bajar, una danza embriagadora, un generador de vértigos, una visión hermosa de un mundo mejor, una energía externa que conecta en tu interior y los levanta a ambos.
Por ello, la relajación y la atracción, la comprensión mutua, la amistad y la confianza, o en última instancia el amor, son clave para andar juntos el camino del placer.

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