El fuego

El día que vi a la gente con barbijos en su cara por la calle, relacioné con el siguiente cuento que había leído años atrás.

Cuando la Muerte llegó a Bagdad

El discípulo de un Sufí de Bagdad estaba un día sentado en un rincón de una posada, cuando oyó hablar a dos personajes. Por lo que decían, se dió cuenta de que uno de ellos era el Ángel de la Muerte.

"Tengo varias visitas que hacer en esta ciudad durante las próximas tres semanas", le decía al Ángel a su compañero.

Aterrorizado, el discípulo se escondió hasta que ambos hubieron partido. Entonces, usando su inteligencia para resolver el problema de cómo frustrar una posible visita de la muerte, decidió que si se mantenía alejado de Bagdad, no sería alcanzado. Sólo hubo un corto paso entre este razonamiento y alquilar el caballo más veloz disponible y espolearlo día y noche en dirección a la lejana ciudad de Samarcanda.

Mientras tanto la Muerte se encontró con el maestro Sufí y hablaron sobre diversas personas. "¿Y dónde está tu discípulo tal y tal?" preguntó la Muerte.
"Debe de estar en algún lugar de esta ciudad, empleando su tiempo en contemplación, quizá en un aposada", dijo el maestro.
"Qué extraño", dijo el Ángel, "pues se halla en mi lista. Sí, aquí está: Tengo que recogerlo dentro de cuatro semanas, nada menos que en Samarcanda."

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Veo mucha gente con miedo a morir como el aprendiz del cuento, huyendo a un lejano lugar como Samarcanda, llevando barbijo, alcohol en gel, condones y pastillas para dormir. Acaso no sienten el fuego vital calentar sus entrañas? Yo siento que ese inútil barbijo que llevan avergonzados es el hielo de su temor fuera de control.

Es el fuego vital el que sostiene mi vida, y es esa misma llama la que resiste a viruses de todas clases. Una ensalada de baba y gusanos con un atractivo envase; no es eso lo que somos.

El ch'i, el prana, la energía vital, alguna vez habrá de abandonar mi cuerpo. Un día, a cualquier hora, mi cuerpo se convertirá en un amasijo de cuerdas y tendones. Eso no me ocurrirá en Samarcanda.

Mi fuego vivirá por siempre porque vivir, vivir es no caer presa del terror. Morir, es otra historia.


















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