Los recuerdos sirven a modo de guía ante nuevas situaciones: nos previenen de pasados errores y nos dan confianza a través de proyectar en nuestra mente las vivencias de logros pasados. La copa del torneo de fútbol o hockey, la mala nota en la prueba, la cartita de amor en el recreo, el mail ese que guardamos, la pelea verbal o física con moretones... todos esos recuerdos son "hitos" mentales que conforman señales de PELIGRO o ADELANTE.
Y en las comunidades, los recuerdos funcionan como aquello que las enorgullece o que las previene de repetir los mismos errores. Las copas en las vitrinas del club, los certificados en las paredes de la oficina, las fotos grupales de reuniones conmemorativas, la placas por los 25 años de servicio, las caras de los desaparecidos, las tumbas de los soldados, el éxodo de los judíos o la gesta sanmartiniana.
El orgullo da fuerzas.
Los débiles necesitan hacerse fuertes. Necesitan agruparse, acumular blasones, compensar la debilidad del pasado con doble dosis de fortaleza. Los débiles necesitan cimentar su orgullo e identidad, aprender estrategias ganadoras, deshacerse de estrategias perdedoras. Y los recuerdos son parte importante de ese proceso de hacerse fuerte. De los clubes se habla de un "club con historia" y eso hace a la conciencia colectiva, a la "pasta de campeón" que se decide en momentos clave sin que se haya "visto venir".
El código de los recuerdos
Los recuerdos son un código de base de datos mental sobre el pasado. La mente en lo personal, y los museos en la comunidad, contribuyen a hacerse fuerte. Pero, ¿sabemos interpretar ese código? ¿tenemos una clara idea sobre cómo habremos de utilizar esa información cuando estemos en la acción, y así poder hacernos fuertes?
Museos II (hacerse fuerte)
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario