Al ver el Yin yang a colores, uno se sorprende, queda admirado. Piensa... dónde estuvo este hermoso símbolo cuando todo lo que se veía era blanco y negro? Y es mucho más que un bello dibujo: el símbolo del Yin Yang a colores da un ejemplo concreto de un hallazgo importante.
Los opuestos no son complementarios, sino dualidades de una misma cosa. Son vacíos en sí mismos, dependientes uno del otro, y no pueden sumar una completitud. En cambio, los colores que se complementan son ricos en sí mismos. Son, cada uno, una realidad compleja comparada. Te puedes quedar con un color, o con el otro, y no podrás encontrarle un opuesto fácilmente. En cambio, el blanco o el negro no dicen mucho más que luz y sombra.
Hallar que la realidad no está formada por la dualidad blanco/negro, sino por una enorme gama de colores en danza, es madurar.
Madurar con el Yin Yang a colores
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