Contener sin rebalsar

Una taza vale por el líquido que puede contener. Una casa no vale tanto por sus paredes, como por la protección y las comodidades que brinda.

Cuando una taza está llena o una casa está ocupada, están conteniendo, recibiendo y albergando. Hay que tomar el agua de la taza para poder verter más, y hay que mudar a los ocupantes de la casa para que otros puedan utilizarla.

Así, las personas somos contenedoras del amor de otras, y no podemos brindarnos a todos al mismo tiempo, del mismo modo. Una taza no puede rebalsar y una casa no puede sobre-ocuparse. Es muy limitado el amor que se pueden brindar, debido a los tiempos y los espacios que deben suceder juntos.

Pero también, las personas podemos distinguir una taza o una casa de otras personas. Podemos comprender que, aunque los recursos sean limitados, el espíritu y el amor pueden ser algo ilimitado como el fuego que puede encender muchas velas con la misma llama.

Podemos ser como aguas danzantes, casas rodantes, resonantes, y no rebalsar jamás?

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