Diferente... es complementario

Una vez que el ego se ha identificado con algo o alguien, busca rasgos diferentes en cosas o personas comparables, para así atacarlos y reafirmarse. Este proceso se puede observar claramente en muchas personas, en todo momento y en todo lugar. Por ej., el chusmerío, la intriga, el desprecio, la burla, la crueldad; son todas caras de la misma moneda. A gran escala, tenemos el racismo social, el fascismo político y el fanatismo religioso, que son niveles corporativos del fenómeno que se da a menor escala en el ámbito individual, familiar y del círculo social íntimo.

En su afán desmedido de poder, el ego pretende abarcarlo todo. No puede dejar espacios libres a ningun otro ego en competencia. Necesita reafirmarse en sus fortalezas y ser el mejor. Un ejemplo claro de esto es la adhesión a un club de futbol local, o identificaciones más complejas como las del sentimiento nacionalista. De este modo, el ego siempre trabajará para que la persona luche, sufra, vuelva a luchar, y nunca pueda abandonar los ataques a lo diferente y por lo tanto, los ataques a sí mismo/a. El círculo se cierra justamente debido a que las diferencias más notables se evidencian en uno, y cada ataque al otro es un ataque igualmente certero a uno mismo.

En ese clima de intolerancia violenta, cualquier otra cosa o persona que aparezca en escena se torna una amenaza, incluyendo los propios hijos con inusual virulencia. Como las diferencias existen en todo momento, el ego tratará de analizarlas y neutralizarlas mediante mecanismos variados e ingeniosos. Si es inglés no salta, si es japonés es un amarillo, si es negro es inferior, si es lindo es tonto, si es linda es frígida, si logró un objetivo todavía le falta cumplir diez, si es alta es antipática, si es buena es tonta, y así podría seguir por varias miles de páginas.

En ausencia del ego totalitario, las diferencias brillan en su real calidad de complemento de un universo inagotable. Al florecer la consciencia, se iluminan esos rasgos diferentes, únicos y enriquecedores, y se siente la certeza de que el hermano, la amiga, el padre, el amante, los hijos, la vecina, el que pasa caminando, el que está en el país vecino y el que no está, son diferentes partes complementarias de un caótico escenario que también puede ser visto como una hermosa creación. Existen personas que naturalmente establecen vínculos con otras, basados en las diferencias y no tanto en las similitudes. Y existen también aquellas que se relacionan solamente con iguales para no tener que tolerar lo diferente. Es muy fácil distinguir a simple vista a una pareja complementaria de una narcicista. En el último caso, se puede decir que ambos están siendo controlados por su ego, que solamente les permite relacionarse con esa persona que es muy parecida a uno/a mismo/a, sea del mismo sexo o no.

Hasta el concepto de ego es complementario. La existencia del ego no debe ser negada o reprimida. Es una vivencia complementaria, de sufrimiento, de dolor, de lucha, de celos, de represión y violencia, pero vaya que existe.

Y así con esta simple frase llegamos al complemento que conforma la unidad, aquello que es entendido por iluminación, el camino, el equilibrio, la trascendencia de las dualidades, el yin y el yang:

Diferente... es complementario

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