La revolución ambiental - Parte 2 - El dilema quijotesco

(viene de Parte 1)


El dilema quijotesco
Pareciera algo muy difícil que millones de personas en grandes ciudades adoptasen una "revolución ambiental" y pasasen a llevar vidas sustentables. Más aún teniendo en cuenta que tal vez sus antepasados se hayan mudado del campo a la ciudad hace 50 o 100 años en busca de mejores horizontes. Más difícil aún, pareciera que los poderosos y los gobiernos apoyasen tal revolución en el caso de suceder. Pareciera como si empujar una revolución ambiental fuera jugar a ser Don Quijote y luchar contra molinos de viento.


Por eso, antes de navegar en el complejo mar de las alternativas, mediciones, estrategias y posibles cursos de acción inmediatos (mar en el cual voy a navegar costeando), quería detenerme en este punto clave.

Conozco este estado de dudas en que me encuentro: hace 15 años decidí abandonar las prácticas comunes de alimentación y adopté las propias. Cuestioné todo lo conocido, y adopté una dieta naturista/vegetariana. Lo hice sin el apoyo de nadie, excepto de mi hermano quien fue el que introdujo los conceptos de Jiddu Khrishnamurti en la casa familiar. Ser un vegetariano en Rosario, Argentina, 15 años atrás, no era algo que fuera a incrementar mi popularidad o vida social, muy por el contrario. Y mucho menos, declararlo el día de mi boda.

Sin embargo, en el presente, las cosas han cambiado bastante, no solo por el contexto exterior que ha mejorado para todos los "veggie", sino fundamentalmente por la experiencia y la mística que he adquirido en todo este tiempo. Y este es el punto fundamental: si estuviera adhiriendo o impulsando una revolución ambiental por el reconocimiento de los demás, por hacer patria, o por desear que otros colectivos hicieran tal revolución y yo sumarme a una gran causa, no creo que valiera la pena.

No lo estoy haciendo por ninguna de esas razones: lo estoy haciendo en mi esfera íntima, y lo comparto en estas líneas. Sin necesitar de políticas de estado, ni de la solidaridad de los millones de personas en las urbes, ni de la anuencia de los poderosos (qué va!). Ni siquiera (por ahora!) de la asistencia de los vecinos con quienes somos buenos amigos.

Es que simplemente me gustó comenzar el proceso de explorar esta idea, plantar esta semilla, una nueva aventura, y ver qué resultados va dando. Comprendo que será un proceso largo, de pequeños resultados, uno por vez.

A diferencia de Don Quijote, quien era motivado por un jugoso botín de guerra en caso de aniquilar a esos "gigantes", mi primera motivación tiene que ver con mi meditación. Porque a diferencia de Don Quijote, yo no estoy loco, y voy a hablar de mis motivaciones en la próxima parte.

(continuará, bienvenidos comentarios!)

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