Una propuesta se apoya en muchos rechazos y pocas ideas. Los rechazos son el punto de partida y la base de cualquier propuesta nueva. Rechazar es más rápido, más frecuente y menos costoso que idear. Y permite tener despejado el camino, para un viaje asegurado.
Los rechazos son la masa de la torta y la idea es como el merengue externo.
Por ejemplo, una propuesta de salida de sábado por la noche. Te encontrás con tu pareja en algún lugar de la ciudad, y hay que decidir cuál va a ser el plan. Teniendo en cuenta adónde ir, qué hacer, el clima, la vestimenta, el ánimo de cada uno, etc. existen muchas opciones para elegir en la ciudad.
El proceso de selección del plan comienza por los rechazos, que guían el camino de este modo:
- A Fellini no, al Paso tampco. El Faso me gusta pero fuimos el sábado pasado.
- Y yo no tengo hambre...
Finalmente, uno de los dos tiene una idea creativa con la cual redondean una propuesta satisfactoria.
- Qué tal si vamos a caminar por Boulevard Oroño bajo la luna?
- Sí, y después vemos
La propuesta se ha concluido, y tuvo muchos rechazos al principio y una idea al final.
Así como me gusta observar lo que muestra y lo que esconde una foto, me gusta notar las ideas y los rechazos que contiene una propuesta. Si no veo rechazos claros en una propuesta o no evidencia rebeldía, entonces no la veo viva. Es como una torta con una fachada de crema, sin masa debajo. Por eso, creo que una propuesta grupal exitosa se contruye dentro del grupo, en el cual cada uno aporta ideas y rechazos y el grupo nunca acepta una propuesta cerrada.
No acepto ninguna oferta imposible de rechazar. No puede ser buena.
Elogio del rechazo
Publicadas por
isi dixi
el
10/17/2008 05:03:00 p.m.
Etiquetas: aprendizaje, dualidades, fluir, innovación, lo importante, madurez
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