El matrimonio es como la milanesa con papas fritas: mucha gente quiere ese plato de carne a diario porque siente que se alimentó. Incluso muchos niños se acostumbran a que, si no sienten la pesadez de la carne, no sienten que hayan saciado su apetito. Creen que esa sensación es la sensación correcta de alimentarse, cuando en realidad suele ser una sensación de malestar.
"Si no estoy pesado, no es correcto, no me he alimentado bien" se piensa. Porque es la única sensación que conoce.
Lo mismo se confunde el sexo de las películas porno o el sexo con prostitutas como si eso fuera una expresión real del sexo. La diversión de aturdirse en un boliche se confunde con juego, y la embriaguez que proviene de un gin tonic se confunde con brío. Hacer aparatos en un gym se confunde con tener salud, como así también se confunde el malestar y sufrimiento de la pareja con el verdadero amor.
Si no has sentido aún (o no recuerdas) el goce de tu amor, de tu sexualidad, de tu salud, de tu juego... difícilmente seas capaz de reconocerlos entre tus experiencias anteriores.
Sentirse triste, desconforme pero a la vez confiada en una misma, es lo que puede llevarte por el camino místico de descubrimiento de tu propio amor, de tu propio juego, de tu propia sexualidad, de tu propia salud, alejada de los estereotipos de amor, juego, sexo y salud disponible en los bunkers de hogares, escuelas, TV y templos.
Por eso es clave y más importante que cualquier otra consideración, preservar la rebeldía y la autoestima en los niños en vez de regañarlos y convertirlos en robots "educados" y "obedientes". Porque la educación y la obediencia suelen ser los portadores de las más graves confusiones.
Matrimonio con fritas
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

quién decide qué es lindo, qué es feo, qué está bien o qué está mal?
ResponderBorrarno es parte de una costumbre? y quién crea las costumbres? no somos nosotros?
Los mismos que fuimos educados a reprimir gran parte de lo que "realmente" sentimos.
Y quien nos enseña a educar?