El nazismo ortográfico

Una vez inicié una discusión en una lista de correo electrónico. Sin querer, y sin saberlo, con mi pregunta inicial parece que abrí una lata de gusanos y se generó un cruce fuerte entre 3 personas de la lista. En uno de los emails, uno de ellos agredió a otra persona diciendo que directamente no entendía un comino de lo que estaba hablando, y que ni siquiera sabía deletrear, y le marcó de manera hiriente que se había equivocado en una palabra.

Ups.

Intervino otra persona, con más calma, pero la persona agredida contestó inmediatamente, respondiendo en concreto, y luego hizo notar que estaba siendo un "nazi de la ortografía", porque ella padecía dislexia y hacía lo mejor que podía pero a veces se le escapaba alguna falta. Y dijo que no se iba a quedar callada.

Bravo.

A diario observo gente corrigiendo a gente. Adultos corrigiendo a niños. Personas despreciando a personas porque escribieron "cabesa" en vez de "cabeza". Personas hiriendo a personas cuando, por diversas causas, algunas no pueden adaptarse a escribir como el idioma manda.

En el caso de los argentinos, el sinsentido del código se revela con mayor claridad, porque las reglas del idioma español fueron siendo modificadas por las sucesivas olas de inmigrantes (italianos en su mayor parte). Entonces no diferenciamos al pronunciar entre las "s" y las "c" o entre las "v" y las "b". La diferencia entre estas letras está en la grafía, y no en el sonido, haciendo más difícil la asociación. Si bien el español ya traía la "h" y la "z", el código del español argentino es mucho menos apropiado ya que no respeta las similitudes de pronunciación vigentes (quiérase o no) en el hablar diario.

Por otro lado, los códigos varían entre culturas. Un caso notable es la diferencia para expresar género. Los ingleses dicen "el luna" "el sol" sin distingo, mientras que en el código español eso es un error, ya que impone un género masculino o femenino a todas las entidades, sean estas objetos espaciales (luna o sol) o herramientas de carpintero (llave o torno).

Por eso adoro leer los escritos de los niños, antes que la educación formal los arruine con su labor de ruda corrección. Se puede ver claramente que el código no es lo importante: lo importante es lo que están contando. Y si te lo leen, lo importante no es lo que está escrito, sino lo que ellos están hablando en ese momento. Y lo que está escrito está adorablemente lleno de faltas de ortografía. Esas desviaciones del código que conforman una diversidad y una riqueza propias del universo de un niño pequeño, donde los caminos no están trazados de antemano, donde el mundo es mágico, donde las divisiones son muy relativas y todo conforma un universo asombroso. Un niño preocupado por las faltas de ortografía, será en el futuro una persona temerosa, insegura, y angustiada.

Luego de adultos perdemos esa magia, y la reemplazamos por un código muerto. Un código estéril, que llamamos idioma y que, se nos dice, es la Tabla de Salvación para lo Vrutos que somos. Es la Herramienta Imprescindible para Entendernos lo que carajo estamo diciendo, porque nuestra miserable humanidad nos aleja. Es la Llave de Oro para nuestras aspirasiones, que jamas podremos alcanzar de otro modo. Es signo de cultura, que te suma o te resta, y hace que puedas despreciar o ser despreciado.

Las mayúsculas son una mentira, porque lo que nos aleja de todo, es el miedo a escribir con errores.

1 comentario:

  1. Anécdota al paso:
    Dos socios de una SRL estaban ingresando datos de un cliente a su base de datos
    -Socio A: el nombre es César PPP
    -Socio B: cómo se escribe César? con C o con S?
    -Socio A: con S bruto! que querés que diga Késar!

    Posta.

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