Apasionarse implica perder el equilibrio, subyugado por alguna ilusión glamorosa y brillante. Al enfocarse en esa figura brillante, se pierde de vista el fondo.
Las ilusiones se construyen tomando siempre como eje alguna figura, algún fin, y el fin justifica los medios. La voluntad es el mecanismo de control mental necesario para no perder de vista ese sueño anhelado, ese objetivo que nos brinda la ilusión de poder ser felices.
La esperanza, la pasión, la voluntad y la ilusión, son todos estados de la mente que se consideran antesala de la felicidad. El artista, el poeta, el jugador de futbol, el cientifico destacado, el líder y el astuto financista son todos apasionados modelos de felicidad después de haber logrado sus metas más grandes y ambiciosas. Se considera que no sería posible alcanzar esa felicidad sin ilusiones, sin sueños, sin pasión por hacerlos realidad.
La mente puede funcionar bailando por un sueño, estimulada por la pasión y las ilusiones, en busca de una solución a las angustias. Pero la mente también puede descartar esas ilusiones, dejar de bailar por los sueños, olvidar las novelas latinas de la tarde, y relajarse.
Bailando por un sueño
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