La hoja en blanco

Cada día, me aseguro de tener mi hoja en blanco. Es mía, no quiero dejar que nadie estampe sus garabatos sin ser invitada.

Me aseguro de que todo lo que haya en mi hoja, esté vivo. Que sea mía o de mis invitadas, que sea impredecible, original, y que refleje mis deseos. Es preferible que quede en blanco a llenarla con parloteo.

No doy espacio a antiguas invitadas que ya hayan escrito en ella, a menos que algo haya cambiado y considere la ocasión digna. La invitación no es vitalicia, se renueva; las viejas invitaciones no valen.

Si tengo mi propia hoja en blanco, no voy a necesitar escribir en la hoja de otras personas, a menos que haya sido invitada especialmente.

Al final de cada día, mi hoja no estará en blanco, y no habré hecho ningún esfuerzo para completarla. Nadie se habrá quejado de que yo haya escrito en su hoja. Me sentiré feliz de mi hoja escrita que contemplo en ese momento, sabiendo que no hay nada allí que haya sido impuesto. Sentiré la belleza y la energía de la danza con los demás a través de los dibujos y escritos.

Al día siguiente, otra hoja en blanco.

Admirarla.

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