División por cero

No divido entre una amiga y una novia. Entre una novia y una esposa. Entre una empleada y una jefa. Entre una amistad y una relación formal. Entre una desconocida y mi mamá.

No divido entre central y ñuls. Entre argentina y brasil. Entre pekerman y basile.

No divido entre mi familia de las demás. Entre las putitas y las decentes. Entre perros y gatos. Entre amigos y enemigos. Entre negros y blancos.

No divido entre hombres y mujeres. Entre personas y animales. Entre niños y adultos.

Entre malos y buenos, entre poli y ladri. Entre judíos y musulmanes. Entre católicos y ateos. Entre gays y heterosexuales.

Vuelta a la infancia, es no dividir, negar las divisiones. El universo contiene las diez mil cosas y se puede distinguir entre cada una de ellas, sin por eso tener que dividirlo, o cortarlo rudamente en partes. Las diferencias son complementarias.

El universo distingue, y no divide. Porque distinguir es protegerse, y dividir es aislarse.

Ser uno y el universo, ser el universo en uno, es como dividir por cero: es una falla del sistema, y una imposibilidad para cualquier calculadora.

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