El fetiche de lo antiguo

Si necesitás saber la hora, ahí está el celular que tiene tapita con la hora.
La birome suele escribir en papel, que suele perderse. Por eso mejor la stylus de una palm. o una laptop.
Y el teléfono fijo qué cosa antigua... uno llama a la casa y atiende la doméstica.
Los libros, otra antigüedad: ahora están los blogs. Y los blogs qué antigüedad, ahí están los fotologs. Ya pronto los videologs. Y ni hablemos de los álbum de fotos de tapa dura.
Que locura no? Creo que lo escrito arriba no es tan cierto, pero tampoco tan falso.

Lapiceras fuente: ya no se usa más. Fueron sustituidas hace mucho tiempo por los bolígrafos. En todas las áreas todo ha cambiado rápidamente: en arquitectura se pasó del tiralíneas a la Rotring y del Rotring al CAD (y ahora Google que lanzó Sketchup). En matemáticas ahora se permite la calculadora: antes era sacrilegio!

Todos estos avances, que parecieran tan buenos por un lado pero tan opresores por otro, son además muy crueles con las cosas que dejan de lado. Pero a no desesperar, porque estas antigüedades tienen su enésima oportunidad con... el fetiche de lo antiguo!

El fetiche de lo antiguo rescata las viejas glorias, que valen por glorias pero más por viejas. Al haber muchas cosas que son viejas, uno puede elegir. Y se inclina por aquellas cosas que tienen una connotación placentera para con los recuerdos de la niñez o de años pasados que nunca volverán. Lo antiguo aparece como la única forma de rescatar todos aquellos momentos felices. Además, lo que es antiguo y clásico no reviste ningún riesgo: su innovación ya fue comprobada, su éxito fue rotundo, su evolución fue asombrosa. Mucho más exigente es adentrarse en el misticismo de las glorias que están sucediendo aquí y ahora.

A mi mente vienen: vehículos antiguos, lapiceras, relojes pulsera o de pared, juegos de mesa, pañuelos de tela (!), música de los 80, modas de los 70, sinfonías, cuadros, filmes en blanco y negro, novelas, máquinas de escribir y, claro como no, todos aquellos objetos que comercian los anticuarios.

El fetiche de lo antiguo también opera como saludable escape de los dictados del momento. Un ejemplo claro: querer escuchar música de los 80, tal vez porque quiera oxigenarme de escuchar la FM HITAZO en abril de 2007.

El fetiche de lo antiguo es rebelde, ingenuo y, por momentos, muy delicado.

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