Cuidar el hogar, cuidar el alma

Si el cielo alberga las almas del mundo, el hogar elegido alberga el alma de sus moradores durante la estadía.

Cuando no tenés tiempo para dedicarle a tu hogar, tampoco estás teniendo tiempo para dedicar a tu alma. Las muchas ocupaciones, obligaciones, responsabilidades, placeres y fetiches mundanos ocupan tu mente y hacen que no puedas cuidar de tu hogar. No podés barrer el frente, limpiar el baño, decorar la entrada, ordenar la ropa, disponer velas o arreglar el cortinado. Tampoco podés pintar, ni disponés del tiempo que requieren las nuevas ideas para tu cuarto o para el jardín.

Y entonces no querés recibir visitas, porque no aceptás las condiciones de tu hogar. Y tampoco considerás que tu propia alma pueda ser buena anfitriona en esos momentos.

Por otro lado, hacer que alguien más cuide de tu hogar implica también resignar el cuidado de tu alma a otra persona.

La mujer ha tenido históricamente ese rol de "ama de casa", cuya gran finalidad no es otra que la de cuidar del alma de su pareja masculina. Su rol fundamental ha sido el de funcionar de cable a tierra de la mente masculina conceptual, de hacer de contrapeso a las ideas descabelladas del hombre y, sobre todo, de evitar la inevitable sensación de soledad del hombre que vuelve del trabajo al hogar.

Cuidar el hogar de otra persona es cuidar su alma. La mujer intuye bien eso, pero muchas veces no alcanza a comprender que su propia alma necesita cuidados también.

Cuidar el hogar de tu hombre sin pretender hacerlo el tuyo, es amarlo.
Cuidar del propio hogar, a pesar de las distracciones, es pauta de madurez.

2 comentarios:

  1. Y cuál sería, Mariano, la lectura de: "NO tengo GANAS de arreglar mi hogar"? Me doy cuenta que lo abandoné, que está desordenado...pero... NO tengo ganas de "acomodar"... Me doy cuenta que ya no tiene esa luz que tenía hace dos meses atrás, cuando me mudé, no me transmite paz, no sé que hacer para que vuelva esa paz...y eso me lleva a que no me interese mantenerlo ordenado...y asi sucesivamente...
    Que triste: "Mi hogar...el que tanto anhelé... ya no me interesa"

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  2. 3 ideas, mutuamente no excluyentes.

    1. "El damasco esperado nunca es tan dulce cuando llega a la boca".
    ¿Tal vez pusiste demasiada expectativa previo a mudarte allí?

    2. La arquitectura, el lugar en sí, no cumple en brindar una paz ni con armonizar las energías.

    3. Por el motivo que sea, si no te interesa "acomodar" tu hogar, tampoco te interesa "acomodar" tu alma. La depresión a veces es peligrosa, silenciosa, y se manifiesta en estas pequeñas cosas. Ni ganas de acomodar, ni ganas de mudarse, rechazo, etc. Cuidado con los parasitos...

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