Juguetes.
Juguete es aquello con lo que los niños juegan, y no aquello que les imponemos como tales.
Los juguetes modernos son un infierno en complejidad. Terminan siendo medios de control, por ejemplo, te regalan juguetes de animales y vos después querés tener mascotas. Te regalan una muñeca y después querés ser mamá. Te regalan un auto y luego querés ser corredor de F1.
Los padres regalan juguetes a sus hijos que emulan siempre el propio mundo de los adultos. Educan terrible y profundamente a los niños introduciendo juguetes adultos en sus juegos de niños.
Debido a su complejidad, también promueven mucha ansiedad. Bien lo saben los militares eso de "on a need-to-know basis" (a medida que se necesita), pero la industria de los juguetes no lo respeta e introduce mensajes que los niños no necesitan para estar bien y jugar. Son artificiales, complejos, reflejo de perversiones sociales, producto de una industria ávida de facturar y no de llevar felicidad o paz de alma.
Luego, permiten imponer la noción temprana de propiedad privada, porque los padres dirán una y otra vez que los juguetes no se llevan a la escuela, no se prestan porque los demás se lo van a romper, etc. Este discurso suma una carga más a los pobres niños que por otro lado son instados a "compartir" porque en la locura adulta los niños "no comparten naturalmente" y es necesario "enseñarles". Mientras, los útiles escolares tienen que llevar etiquetas con los nombres. Mientras, en la casa de la maestra, ella y su esposo prestan muy pocas cosas al vecino.
Recargados de mensajes contradictorios, de actitudes incomprensibles y dañinas, los niños irrumpen en caprichos. Generalmente, ante la vidriera de las jugueterías.
Caprichos.
Siempre que un niño se encapricha, es porque está acorralado. Es imperante sacarlo de ese lugar como sea: es una situación límite, y es urgente resolverla. Puede parecernos liviana a nuestros ojos de adultos, pero la percepción debe guiarnos más allá para darnos cuenta de lo que sucede. Las personas adultas también se sienten acorraladas y tienen reacciones parecidas de enojo y llanto. ¿Por qué dudar de la angustia de un niño?
El niño que no es auxiliado en su capricho se acostumbra paulatinamente a llorar, y su delicado fluir de energías luminosas degenera en degradantes muecas de confusión, pena y enojo.
El niño que es comprendido y ayudado a salir de su acorralamiento, crece y madura. Su luz y generosidad crecen enormes, su sonrisa y su dinámica se desarrollan maravillosas, y las personas alrededor pueden crecer y curarse al calor del niño dios.
Juguetes y caprichos
Publicadas por
isi dixi
el
2/22/2007 04:29:00 a.m.
Etiquetas: conflicto, educación, iluminación, juego, niños, presión social
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario