Retirarse es más difícil que llegar. Tal vez porque entrar sea más fácil que salir (o te la hacen más fácil). O porque la entrada se colorea de esperanza, de descubrimiento, de haber encontrado el camino al tesoro de la permanencia.
Nadie se da cuenta cuando entra, pero el salir suele venir acompañado de sufrimiento. Por eso, muchas personas huyen de las despedidas porque no soportan exponerse a esos interminables momentos de angustia. Otras personas hasta provocan una ruptura con tal de evitar una penosa despedida. Despedir a alguien es más difícil que recibirlo/a, porque reaparecen invariablemente los fantasmas del fracaso y la pérdida.
Si las despedidas fueron como las bienvenidas, si uno no se diera mucha cuenta que se está yendo, si fuera más natural el ir y volver, si no hubiera personas atadas a un lugar, atrapadas en la ilusión de permanencia, si no hubiera compromisos, las despedidas serían como las llegadas.
Despedirse con gratitud, con amor, como si estuvieras mismo llegando, da una pauta de gran madurez.
Salidas, llegadas
Publicadas por
isi dixi
el
1/30/2007 06:56:00 p.m.
Etiquetas: dualidades, fracaso, iluminación, madurez, pérdida
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sí, sí, mariano, creeme que lo intenté pero no dio resultado. Verás, ya voy a publicar algunas cosas que te darán la idea de cuánto lo intenté...
ResponderBorrary ya lo dijo charly: "la entrada es gratis, la salida, vemos..." :o)
te mando un beso, gracias por el aguante! (y Funesland es una masa)